"La mordedura de un perro rabioso a José Gondell Veiga, en 1887, había causado gran preocupación en la ciudad y en su contorno, y alarma que tendría repercusión en el ayuntamiento, hasta el punto de aprobarse medidas preventivas comprensibles en la mentalidad de la época y que bien podrían calificarse de bárbaras en nuestro tiempo."