La cifra me ha parecido asombrosa, ¡quién lo diría!
Como curiosidad increíble -y escandalosa, la verdad-, recuerdo haber visto, cuando yo tenía aproximadamente 8 o 9 años, a mi bisabuela materna, quemar fajos de documentos -de comienzos del 1700, según su comentario- en la hoguera de San Juan, ¡escalofriante! Menos mal que solamente se deshizo de los que estaban algo ilegibles -por la humedad y el deterioro de la tinta de muy mala calidad-. Y como otras dos curiosidades, también he comprobado cómo el dueño de un inmenso legado documental -de más de 5 siglos-, malvendió, por no decir que casi lo regaló, todo el legado familiar de sus antepasados, recopilado durante tantas y tantas generaciones, que formaron su archivo con tanta dedicación y esmero. O el caso de una señora, que era hija ilegítima, heredera de la fortuna de una rama de los Rancaño, que fue dueña de un interesantísimo archivo, también de varios siglos; tras fallecer su padre, que era el último heredero familiar, a falta de descendencia matrimonial del mismo -él era el último superviviente de su rama familiar-. Falleció la señora hace años, soltera y sin hijos. Y legó todos sus bienes al que fue su abogado durante muchos años. En una ocasión me comentó el malestar que le causaba tener aquellas inmensas vitrinas llenas de legajos -que tanto ocupaban y a ella no le servían para nada, ya que en ninguna ocasión abrió ninguno de ellos; y quería destinar aquel gran espacio de escritorio y biblioteca a otro fin-, le sugerí que los donara a algún historiador o investigador, a alguna biblioteca u organismo, o que los vendiera. Su respuesta fue:
¿a quién le van interesar estos archivos "del año de la pera"? La casa ahora está cerrada, deteriorándose de día en día, y allí está un rico archivo, tan válido y al mismo tiempo inservible -pasto del moho, del olvido y seguramente de los ratones-, a la espera de que su dueño determine hacer algo... digamos: oportuno.
En fin, lo que hay, más lo que pueda no estar contabilizado. Al menos, ojalá que los 4.267 se conserven bien, sin tener que lamentar algún día más pérdidas.
Un saludo,
serba