Se llamaba Antonio Ferreira García y era el policía urbano intérprete de Vigo. Su misión, pasear por las calles. Principalmente por los hoteles y el puerto para atender a los turistas extranjeros, que entonces visitaban la ciudad. Este policía vigués, años atrás, había vivido en Inglaterra, donde había aprendido a hablar en inglés, portugués y francés, idioma este del que era profesora su esposa. El italiano lo aprendió cuando navegaba en los barcos de la Mala Real, actividad que dejó debido a un «fracaso de salud».